TU NO ERES CULPABLE, ERES RESPONSABLE!

 

Así tal cual lo escuchas, tal cual lo lees. ¿Notas la diferencia? Hoy quiero conversar contigo sobre un tema que está íntimamente vinculado a nuestra historia, nuestra cultura, nuestra manera de asumir lo que nos pasa y, al fin de cuentas, nuestra forma de vivir.

¿No estás cansado de sentir culpa por aquello que te sucede? ¿No estás cansado o cansada de culpar a los demás por aquello que te toca, como una víctima de las circunstancias indefensa y sin posibilidad de defenderse?

En caso de que la respuesta sea positiva, ¿Por qué lo sigues haciendo? ¿Por qué sigues auto flagelándote y auto flagelando a los demás, con el peso de una palabra que solo sirve para mortificar, y que de ningún modo te ayuda a solucionar una situación que desde el vamos ya está siendo difícil?

“Yo tengo la culpa de que todo salga mal”, “Yo soy el culpable por esto que me pasa”, “Tú eres la culpable de que estemos como estamos”, “nada haces bien”, “todo haces mal”.

O una frase milenaria… “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…” ¿Te suena?

Y ahora dime, después de tanto reprocharte y reprochar, ¿De qué te ha servido? ¿las cosas han mejorado? ¿han cambiado?

¿Y si te propusiera que dejemos de ser unos pobres culpables para transformarnos en VALIENTES RESPONSABLES? Responsables de lo que nos pasa, de lo que queremos que nos pase, de la vida que vivimos y de la que queremos vivir. TOMAR EL CONTROL, aceptar un error para cambiarlo y convertirnos en algo mucho mejor.

La culpa no te libera, la culpa te lastima. Es la forma más simple de evadir un problema y dejar que todo siga como antes. “Soy culpable, lo sé, ¿ya está bien??”. Tal vez sería mejor decir: “Acepto que soy responsable por lo que pasó, pido perdón. ¿Qué puedo hacer para solucionar mi error?”

Los culpables no tienen el control de nada, los responsables tienen el control de todo, ¿de qué lado quieres estar? Si te quedas del lado de la culpa vivirás como una víctima y te observaran con pena, mirada que en algún momento te empezara a molestar, cuando tú mismo, de manera inconsciente, suplicaste esa manera de mirar. Pero si decides pararte en el otro extremo, como un ser res-ponsable de aquello que te acontece, podrás decir con orgullo, “sí, yo lo hice, y yo lo voy a arreglar”.

Con todo esto no quiero más que invitarte a asumir la mejor y más liberadora de todas las responsabilidades. Te invito a asumir LA RESPONSABILIDAD DE VIVIR.

Tienes el poder de elegir, ahora te falta el valor de decidir…

Entonces… ¿De qué lado estas…?

 

                                                                                                                      Augusto Faubre.-

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